Mi elección por esta profesión se debe principalmente porque me encanta estar con niños, jugar con ellos y sobre todo, y lo más importante enseñarles a ser buenas personas. Para evolucionar hay que centrarse en la educación que reciben, así para que el día de mañana sepan tomar decisiones correctas por si mismos.
En un primer momento, no sabía que iba a acabar estudiando magisterio, siempre me había llamado la atención estudiar turismo, hasta que empecé a dar clases a un niño de 7 años. Me cambió la forma de ver lo que quería ser de mayor. Fueron sentimientos de apego, de protección, un cúmulo de cosas. Él confiaba en mí y yo en él. Llega un momento, en el que no te das cuenta de lo mucho que pueden aprender de ti, de que eres un modelo hacia ellos, de que son más listos de lo que nos podemos imaginar.
Esta etapa en mi vida se acabó, ya no le doy clases, pero siempre le recordaré como algo maravilloso que ha ocurrido en mi vida. Lo más bonito de todo es que le voy a ver crecer y eso me enorgullece, le queda mucho por aprender y por hacerse mayor.
Os dejo el audio de mi compañera Juliana.

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